A partir de la media noche del Jueves Santo, se puede oír por las calles de Valverde
de la Vera el sonido de unas vilortas, es un Empalao, que se dispone a realizar su vía crucis
motivado por una promesa o "manda" hecha ante Dios.
El empalao camina descalzo, sobre sus hombros lleva un timón de arado sujeto por una soga de
esparto que le envuelve torso y brazos desnudos. Lleva además una enagua blanca que le cubre de
cintura para abajo, de la mitad de sus brazos penden un par de vilortas, con tres aros cada una, y una toga,
símbolo del Crucificado. Cubre su rostro un velo blanco que sujeta con una corona de espinas, sobresaliendo por encima de la cabeza
dos espadas cruzadas.
En todo momento va acompañado por el Cirineo, que se oculta bajo una manta y le alumbra el paso con un farolillo.
El
Rito del Empalao se viene celebrando
desde tiempo inmemorial en la noche del Jueves Santo.
Es la Fiesta más emblemática de Valverde de la Vera
y quizás de toda la comarca, declarada de Interés Turístico
Nacional el 18 de Enero de 1980.
El Empalao se prepara en la casa familiar. Es un ritual que
invita al silencio, dado el sacrificio y la devoción
que ponen los valverdanos en esta tradición.
La procesión de cada
Empalao
camina en silencio. Tras él, el grupo
familiar cubiertos con mantas oscuras, uno de ellos porta un farol
encendido, el Cirineo. En cada estación del Vía Crucis,
el Empalao y sus acompañantes se arrodillan y oran en silencio. Cuando se cruza con otro Empalao o con un Nazareno se arrodillan ambos.
Terminado el Vía Crucis de las 14 estaciones, el séquito regresa a casa. Allí, el Empalao
se desviste y se desoga, finalmente se le fricciona el cuerpo para
recuperar la buena circulación de la sangre.
Son las cuatro de la madrugada; ya se ha ido toda la gente.
Las farolas parecen cansadas de iluminar tanta curiosidad.
La calle Real está vacía, pero... el ahogo de la noche despierta
con el sonido ancestral de unas vilortas a lo lejos.
¡ Quédate quieto ! ( en un susurro ) ¡dejémosle pasar !.
Va acompañado de su familia. Detrás va alumbrando
con un farolillo un Cirineo, pero el que sigue los pasos es
un Nazareno con una pesada cruz.
Ya han pasado. Vuelve el silencio.
Pero en el aire flota el olor a penitencia, a gozo de lo cometido,
a dulce llaga de una soga...
pero sobre todo a respeto por una tradición.